El amor a la política

Sin una cortesía demasiado exagerada
siempre optamos
al final 
por el plan de la gente
anticipamos la llegada de los trenes
nos montamos en un camino lúgubre 
y a la vez sonreímos hacia aquella intuida compañía
que nunca nos revela si verdaderamente es una boca diciendo palabras
o la personalidad alimentando a la memoria
igual caminamos
hasta agotarnos
y nadie reconoce el final del camino
o si hubo camino
o si ya no es costumbre lo que se amontona al borde del camino
o si es que está debajo de esas hojas que tapan el desagüe
pero seguimos chapaleando 
nuestros pies jamás se acostumbran
igual la pausa de ese galope mojado
no desdeña el lugar del camino 
pensando en que no hay más remedio
o que si hay remedio
está al final.

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